Desnudos en la Revista Soho: entre la cosificación y la libertad de expresión

Explorando la línea entre arte y cosificación en los desnudos de Revista Soho y su relación con Gustavo Ceratti.
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Hoy, un día después de la muerte de Gustavo Ceratti, a quien disfruté de la mano de mis hermanos menores, que lo entendían cuando muchos “rockeros” creían que su poesía era una combinación arbitraria de palabras sueltas, me sorprende que las manifestaciones de dolor por su muerte hayan desplazado la atención sobre otro hecho fundamental de nuestra cultura contemporánea: los 15 años del nacimiento de la Revista Soho. Ayer nada más, casi a la misma hora en que el pequeño Gustavo moría, Daniel Samper Ospina y otro Gustavo mucho más ilustre, de apellido Gómez, hablaban sobre la gran revista en un programa de televisión conducido por María Ximena Dussan. Con la humildad propia de los genios oficiales, ambos personajes relataban la historia de los grandes aportes periodísticos de Soho a este país pacato. Contribuciones que incluían el desnudo del Tino Asprilla, la última cena de la Azcárate y la maja desnuda en versión Yidis Medina. Paralelamente se defendían de los ataques de “cierto intelectualismo de izquierda” que acusaba su publicación de “cosificar a la mujer”, con el curioso argumento de ellos también habían hecho lo mismo con los hombres, como si los hombres no se cosificaran.

Llama la atención que a María Ximena Dussán, usualmente tan inquisitiva, no se le ocurrió replicar nada al respecto, quizás porque son sus compañeros de conglomerado informativo y aquí solo se es crítico con los del otro bando. No se le ocurrió, por ejemplo decir, que lo que se le cuestiona a Soho no es que empelote a todas la clientas de Andrés Carne de Res —cosa que ya venía haciendo la Revista Vea desde los años 70, pero con las clientas de otros establecimientos más respetables— sino que no les pague nada.

Ahora, obviamente si La Dussán les hubiera dicho esto, los otros periodistas habrían replicado que sus modelos no necesitan que les paguen, pues todas tienen más que lo suficiente y que eso salta a la vista. Pero el problema no es si tienen o no lo suficiente, sino lo que hay detrás de que las colombianas se desnuden tan baratamente. ¿Y qué es lo que hay detrás de tantos y tan magnos culos gratuitos, dirán algunos? ¿Qué tiene de malo que quienes puedan pagar los pocos miles de pesos que cuesta Soho, disfruten de esas obras de la naturaleza adobadas en artículos de agudeza sin límites? Pues lo que hay detrás y delante de esta revista supuestamente modernizadora y rebelde, es una estructura feudal en donde las élites tienen una especie de derecho de pernada sobre nuestras vírgenes. Vírgenes que se exhiben en el catálogo de Soho para ver si su mercancía merece ser comprada o no, de una forma similar pero más moderna a como antes lo hacían en bikini en el Reinado de Cartagena. Ahora, la actitud de los orientadores sociales frente a este catálogo es muy distinta de la que tenían frente a la Reinado, la misma Florence Thomas, que tanto criticó al Reinado, no solo no dice nada al respecto, sino que ella misma nos muestra sus huesos desnudos, porque seguramente cree que Soho es moderna mientras que el Reinado era antiguo. Cosa que, por supuesto, no es más que otra gran hipocresía.

En la conversación, no se le ocurrió a María Ximena, como por supuesto, no se les ocurre ni a Daniel ni al gran Gustavo, que esto refleja un país más medieval que el que promueve el Procurador, que ellos tanto critican. Lo que se deduce de esto, es que esta gente se camufla en una actitud liberal, que critica con razón las tonterías de Procurador, pero representa realmente a un país más godo que el que el otro defiende y que ya ni siquiera existe. Como prueba de esto, basta ver dos textos sobre el tema de los nuevos ricos publicados uno por Zuleta Lleras y otro por el propio Danielito (en la revista Jet – Set), en donde queda clarísimo el desprecio que sienten por el ascenso social. Entre los tips que dan para identificar un nuevo rico en dichos textos sobresale uno que expresa que un nuevo rico se distingue porque va a almorzar a un restaurante con su madre vestida en sudadera y que su abuela sorbe la sopa. Frente a tan elegante observación, no queda sino responderles a nombre de los nuevos ricos que quizás la sudadera se debe a que su mamá no se fija mucho en su apariencia porque se avejentó trabajando para sacar a sus hijos adelante, mientras que la madre de ellos, es decir, la de los viejos ricos, se avejentó perdiendo su tiempo en costureros y ganándolo con esporádicas fugas a Miami para sentirse viva. Vale decir que asumo esta defensa de los nuevos ricos, porque aunque no lo soy me gustaría llegar a serlo, pues al fin y al cabo es mejor ser un nuevo rico que un nuevo pobre y mucho más interesante ser un nuevo rico, pues los viejos ricos se aburren tanto que solo les queda el incesto para entretenerse.

En fin, hoy a un día de la muerte de Ceratti, que desenmascaraba a esta gente en canciones como Jet- Set o la Cúpula, quiero contarles un cuento fantástico sobre una banda compuesta por los Samperitos, los Santicos, los Sanchez cristicos, Yamid Amat Junior, Manolo Cardona, Gustavo Gómez y otros Originales, que quizás se reúne en Andrés Carne de Res, o en un club tradicional, o en las fiestas de ex alumnos del Gimnasio Moderno, para discutir que mujer merece ser empelotada, mientras al pontifican sobre la moral de sus rivales, la corrupción de sus amigos o la inconveniencia de usar mochilas arhuacas, que no sean compradas en artesanías de Colombia. El nombre de este grupo es el mismo desde hace muchos años y no es Soda Stereo. Son muy conocidos y son los que siempre han mandado la parada, lo que pasa es que ahora, como siempre, se camuflan detrás de chivos expiatorios como la bestia del procurador, para poder popularizar sus cantos de sirena que seducen a los navegantes. Su nombre es fariseos.

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